domingo, 29 de agosto de 2010

Potosí, vale más que un Potosí.


Ya Cervantes en su Don Quijote tenía claro lo que esta ciudad significaba.

Hemos empezado el día visitan iglesias y un convento. De edificios religiosos hay más de cien, no en vano fue en su momento de máximo esplendor la segunda ciudad más grande del mundo por detrás de Nápoles y por delante de París. La visita más extraordinaria de la mañana ha sido al convento de las carmelitas. Convento que llegó a albergar hasta a 21 monjas, todas ellas de familias de muy alta alcurnia, ya que sólo las familias ricas podían pagar las altas dotes que se exigían (eso sí, no te hacen más explicar que ellas no querían dinero, pues eso era vanidad…). Dejando de lado lo duro que debía ser encerrar a niñas de 15 años para toda la vida, el convento en sí es una maravilla, y está llenito de cuadros y utensilios de las monjitas maravillosos.
Os adjuntamos una foto del omnipresente Cerro Rico, que corona la ciudad.

Ayer como ya os adelantamos visitamos la casa de la moneda, que a mí sinceramente me defraudó algo, pues esperaba más historia de la moneda que aquí se acuñó y de lo que realmente esta fábrica significó, pues fue una de las más importantes del mundo. Por cierto que Jaime POR FIN se ha comprado su preciado primer real de 8, una moneda acuñada en el siglo XIX, de las últimas, que se acuñaron bajo el reinado de Fernando VII, en 1814… y ha costado encontrarla.

La fábrica de la moneda se encuentra flanqueada en su primer patio y como bienvenida por un mascaón muy grotesco que hace las veces de símbolo de la ciudad, junto con el preciado y omnipresente Cerro Rico, que se divisa prácticamente desde cualquier punto de la ciudad.

Y por la tarde prácticamente lo único que hemos hecho ha sido entrar en una de la minas que todavía hoy sigue en funcionamiento y que tiene túneles de acceso que los primeros españoles construyeron hace casi 500 años.

La experiencia realmente es eso: una experiencia. Sinceramente no sabría cómo calificarlo. En cierta manera antes de entrar te parece un poco claustrofóbico, y cuando realmente estás dentro y ves lo que soportan los mineros, realmente es sobrecogedor. A modo de ejemplo os ponemos una foto con “el tio”. El tio no más que una especie de Dios al que los mineros veneran y le piden favores… sobretodo que no enfermen ni se les caiga la montaña encima.

Mañana ya nos vamos hacia Uyuni, la puerta del desierto blanco de sal, así que salvo sorpresas positivas, no prevemos tener internet hasta que lleguemos a Chile, por lo que estaremos algo desconectados hasta entonces, así que ya os contaremos.

1 comentario:

  1. Hola chicos.
    Estais seguros de que quereis volver ?
    Si alguna ves viajo a sudamerica me da la impresion de que lo dificil no es acostumbrarse a las alturas , si no tomar la decision de regresar .
    Yo y Carmen ya estamos en capilla ,nos quedan dos dias para cojer el tren y ver que nos depara Italia .
    Hoy antes de salir he queridover que tal lo estais pasando . Nos vemos al regresar. UN ABRAZO

    Manel

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